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Betabel o Remolacha Mientras más Roja… mejor

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Beta vulgaris es el nombre científico con el que se le conoce al “betabel o remolacha”, también llamada acelga blanca, remolacha azucarera y betarraga, entre otros nombres. Es una planta o el tubérculo de la planta de raíces carnosas y gruesas, que tienen un color rojo-púrpura. Las hojas que crecen cerca del suelo son amarillas y los frutos tienen las semillas exteriores.

Su origen es ancestral y se cree que se desarrolló de forma natural a lo largo de las Costas del Mediterráneo, en Rusia, Siria, Europa, Africa boreal y Oriente. En su forma natural, habita en clima templado entre los 2,000 y los 2500 metros sobre el nivel del mar. Actualmente crece en terrenos de cultivo, asociados a bosques de encinos, de pino y mixtos.

Desde hace siglos fue cultivada en regiones templadas y frías entre Asia y Europa; las primeras referencias que se conocen sobre la familia del betabel se encuentran en la literatura griega y datan del año 420 A. de C. Su cultivo con el tiempo se extendió hacia Francia y España, a través de monasterios que poco a poco fueron fomentando su consumo entre los campesinos.

Sin embargo, no será sino hasta el Siglo XIX, en que la dulzura natural de la remolacha llegará a ser fuertemente apreciada, especialmente al ser utilizada como una fuente de azúcar. Se cuenta que al parecer, fue el Emperador Napoleón Bonaparte, el responsable del uso del betabel como una fuente principal de extracción de azúcar, poco después de que los británicos restringieron el acceso a la caña de azúcar.

El consumo de betabel, sobre todo de la variedad roja, se volvió muy popular en la época medieval debido a su agradable textura, sabor y consistencia. En 1747, el científico alemán Andreas Marggraf demostró que los cristales de sabor dulce obtenidos del jugo del betabel, eran iguales a los del jugo de la caña. Tuvieron que pasar todavía varias décadas para que se aprovechara tal descubrimiento, siendo hasta el año 1801 cuando se construyó la primera fábrica de azúcar obtenida de betabel en Alemania.

NI TANTO QUE QUEME AL SANTO…
En el estudio denominado “Los alimentos contra el cáncer”, de los Doctores Richard Béliveau y Denis Gingras, difundido por Fundación UNAM, se establece que: “El Betabel: aunque ha sido satanizado por contener demasiada azúcar, lo cierto es que sus propiedades curativas o preventivas superan su dulzura. Su color morado esconde un potente regenerador celular: las betaninas”.

Actualmente la parte más conocida y consumida es el tubérculo, es decir, la fracción de la raíz que la planta engruesa bajo tierra para almacenar sustancias nutritivas y que emplea en épocas de carestía. Por lo general, su color es rojo intenso, aunque también existe una variedad de tono dorado y otra que combina colores rojos con blanco.
Una nota publicada por la BBC Ciencia (de la BBC Mundo), denominada “El jugo de remolacha baja la presión arterial” (29 junio 2010), menciona que: “Un estudio publicado en la revista médica estadounidense Hypertension mostró que la tensión arterial se reducía en un período de 24 horas tanto en pacientes que habían tomado pastillas de nitrato como en aquellos que bebían jugo de remolacha… Esta investigación sugiere que podría existir un método más natural y a la vez económico para reducir la hipertensión… Un estudio previo realizado en el Reino Unido había llegado a la conclusión de que beber diariamente medio litro de jugo de remolacha, betabel o betarraga ayuda a disminuir significativamente la presión arterial en personas con valores normales…”.

Por su parte el Dr. Israel Cortés, en su ensayo “Mitos en torno al betabel” (Salud y Nutrición; 20 enero 2016), nos dice: “El betabel o remolacha es un vegetal del que se tienen opiniones encontradas, pues mientras hay quienes motivan su consumo porque creen que alivia la anemia, otros lo evitan al considerar que el azúcar que contiene genera sobrepeso…

Las características de este tubérculo han abierto el debate entre detractores e impulsores… ya que mientras unos dicen que el alto contenido de azúcares proporciona un alto índice de kilocalorías (kcal) al organismo, otros sostienen que la riqueza en vitaminas y minerales ayuda a combatir anemia (mala transportación de oxígeno en sangre por falta de hierro y vitamina B o ácido fólico).

Lo cierto es que los mitos del betabel no son completamente verdaderos, pues es falso que genere sobrepeso aunque el azúcar del betabel constituye más del 10% del tubérculo, para que un alimento tenga alta densidad en kcal necesita ser rico no sólo en carbohidratos, sino también en grasas y proteínas. Se estima que cada 100 g de remolacha contienen 2.1 g de proteína, 10.9 g de hidratos de carbono y casi nada de grasa, por ello los nutriólogos estiman que el valor calórico del betabel es de 49 kcal en total, es decir, similar al que ofrecen alimentos como la calabaza de Castilla, la cebolla de cambray o la zanahoria.

En cambio, las raíces con alto contenido de almidón, como la papa, el camote y la yuca tienen mayor densidad calórica, pues aunque su contenido de proteínas y grasa es muy similar al del betabel, en promedio proporcionan el doble de hidratos de carbono (22 g), de modo que aportan fácilmente 100 kcal.

Por otro lado, es exagerado pensar que el jugo de betabel cura la anemia, pues aunque este vegetal contiene hierro, lo cierto es que hay otros alimentos con cantidades más importantes… entre ellos la carne de res, hígado, huevo, sardina, frijoles y vegetales de hojas verdes, como espinacas. Asimismo, existen productos que contienen más ácido fólico que la remolacha, por ejemplo, la naranja contiene tres veces más…”.

NUTRICION Y SALUD
El uso más extendido del betabel es como una hortaliza, principalmente cocida y de la variedad roja (el betabel blanco se utiliza más para la producción de azúcar y para la alimentación de animales). En cuanto a las propiedades alimentarias y medicinales de la remolacha roja, comprobadas científicamente, podemos señalar las siguientes:
Propiedades antioxidantes y para la circulación, debido a su contenido de betanina, compuesto que además protege al hígado, evitando la acumulación de grasa en ese órgano, derivado de una mala alimentación y/o por exceso de alcohol. La riqueza de flavonoides derivados del pigmento rojo de la misma betanina, convierten a este tubérculo en un potente anticancerígeno.

El Dr. Alexander Frerenegi (húngaro), ha demostrado que la ingestión de esta planta inhibe y previene la aparición o el crecimiento de tumores cancerígenos. Para mejores resultados, la recomendación es comerlo crudo en combinación con otros vegetales (pepino, cebolla, tomates, etc.).

El betabel y en especial sus hojas, tienen una cantidad de hierro similar al de las espinacas y casi todo el aporte de vitamina C, los que al combinarse son excelentes para la correcta asimilación del hierro. Esta característica lo convierte en un gran mineralizante para el organismo, especialmente indicado para mujeres embarazadas y durante la menstruación (momentos en que se requiere un mayor aporte de este mineral). También es útil en el tratamiento de anemias, leucemia o en pacientes que han tenido transfusiones de sangre, debido a que el hierro es esencial para la producción de hemoglobina.

La gran presencia de ácido fólico le proporciona a este vegetal cualidades como un agente anti-envejecimiento y rejuvenecedor (piel con aspecto más sana y joven), estimulando la producción de glóbulos rojos y previniendo además enfermedades del corazón.

Interviene en la creación del aminoácido metionina, necesario para la salud de la piel, uñas y cabello. Su participación en la producción de la hormona dopamina, auxilia para aliviar síntomas depresivos (mal humor).

Puede ser parte de una dieta para disminuir el ácido úrico, sustancia cuya acumulación en articulaciones genera dolor, ya que es bajo en purinas (compuestos que al metabolizarse producen ácido úrico). Gracias a su alto contenido de fibras, activa el funcionamiento del estómago, intestinos, hígado y vesícula biliar. Además al ser alcalinizante, depura la sangre y elimina la acidez corporal, ayudando al hígado en su función depurativa (eliminando toxinas).

Es además un alimento muy energético, debido a su riqueza en carbohidratos y tiamina, además de que es fácilmente asimilable por el organismo. Para mayores beneficios en cuestión de energía, se recomienda consumirlo con otras verduras y no con otros alimentos calóricos o con alto índice de hidratos de carbono (evitando así exceso de carbohidratos).

La remolacha o betabel rojo, es una fuente importante de fitoestrógenos, sustancias semejantes a los estrógenos humanos (hormonas femeninas) que favorecen la absorción de calcio y ayudan a prevenir la formación de quistes y cáncer de mama.

CONTRAINDICACIONES
No se recomienda la ingesta de jugo de betabel solo, pues siendo un limpiador muy potente, puede causar molestias y náuseas al organismo, así como una acumulación excesiva de metales (hierro, cobre, magnesio y fósforo), que podrían causar daños al hígado y al páncreas. La recomendación es de ¼ a ½ vaso de jugo de betabel, con otro vegetal bajo en carbohidratos.

No es recomendable para personas que padecen o han padecido de “cálculos o piedras” en los riñones o en la vesícula, debido a su alto contenido de ácido oxálico, ya que este elemento puede propiciar el fortalecimiento o la reaparición de estos cálculos o piedras.

Tampoco está indicada para personas: con problemas renales, pues la betanina aumenta el nivel del colesterol total del cuerpo; con presión arterial baja, pues el betabel tiende a reducir aún más dicha presión; hipertensos o personas que tienen alguna dieta de sal, pues es un vegetal con mucho sodio; con estómagos sensibles o frágiles, pues llegan a desarrollar problemas de acidez y gases.

CONSUMO Y CONSERVACION
Para aprovechar más los beneficios de la remolacha, se aconseja que se consuma cruda en ensaladas, aderezándola con vinagre y muy poca sal.

En caso de preferirla cocinada, se recomienda hervirlo ligeramente, para que no pierda muchas de sus cualidades, de ésta forma el nivel de la mayoría de las vitaminas se mantiene igual, incluyendo la vitamina C, y solamente hay una pequeña pérdida de folato (ácido fólico). Si cuece el betabel sin pelarlo, evitará que escurra el pigmento rojo, llamado betacianina.

Antes de usarlo, se recomienda lavar bien y cuidadosamente las remolachas, sin romper la cáscara, para que el valor nutritivo no se escape. Después de cocinarlas, la cáscara (piel) de la remolacha puede quitarse fácilmente frotándola.

Para almacenar, quite las hojas del betabel pues estas tienden a absorber el agua, provocando la rápida deshidratación del tubérculo. Las remolachas sin hojas, se pueden almacenar bien por una semana en bolsas plásticas con agujeros y en el refrigerador.

También pueden ser congeladas, conservadas (en frasco o latas) o en vinagre, aunque obviamente pierden algunos de sus nutrientes.

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